Pasión por la repostería
Marace: Soy el menor de tres hermanos y llevo años luchando para comer la exquisita repostería casera de mi madre que ellos acaparan con su gula. ¿Qué puedo hacer? Estoy harto de que sólo me dejen la galleta quemada y fea, migas de bizcocho…
Querido Marace:
Lo primero es darte la enhorabuena, porque tu consulta está a punto de ser respondida por un auténtico experto en materia pastelera. De hecho, entre la frase anterior y ésta han pasado 15 minutos, ya que he tenido que ir a la cocina y comerme un dulce al escribir “materia pastelera”. Acaba de pasar otra vez, intentaré no volver a escribir “materia pastelera”. ¡Mierda, otra vez! He tardado hora y media en terminar este párrafo.
Bueno, vamos allá, lo que tienes que hacer es bien sencillo. Coge un poco de cal, viértela en el cuenco donde tu madre guarde la levadura, y mézclala bien. La próxima vez que os prepare un pastel, tu mamá usará esa levadura, por lo tanto el pastel llevará una gran cantidad de cal. Cuando tus hermanos lo devoren, sin saberlo estarán ingiriendo un producto muy dañino para el organismo. Tú, haz como si no supieras que es nocivo y, como de costumbre, cómete las sobras. Sé que es duro hacerlo sabiendo que puedes morir, pero la recompensa son pasteles, así que confía en mí.
A la mañana siguiente tú y tus hermanos entraréis en coma por el efecto de la cal. Aquí viene lo bueno, no sé cuanto tiempo estarás, 2 días, 20 años, qué más da. La cosa es que como has ingerido menos cal, tú despertarás del coma mucho antes que ellos. Ahora imagina: una madre destrozada con tres hijos en coma. Hasta que, de repente un día, uno se despierta. Esa madre se volverá loca de alegría y te dará todo el amor que una madre pueda dar. Y cuando digo amor quiero decir pasteles, montones de pasteles, millares de pasteles. Y lo mejor, no los tendrás que compartir con nadie.
Si entre pastel y pastel te sientes mal por lo que has hecho, puedes contarle a tu madre la verdad. Eso sí, hazlo justo después de probar un trozo de pastel y decir: “Mamá, esto te ha quedado riquísimo, es lo más bueno que he probado jamás”. Una vez que alabas la comida de una madre le puedes decir que has envenenado a sus otros dos hijos que ni se enterará. El piropo culinario se clava en el cerebro materno como un puñal, creando una barrera que impide el paso a cualquier otro pensamiento.
Eso sí, llegará el día en que tus hermanos despertarán del coma y te matarán, porque no son tontos y saben que la única razón por la que alguien les envenenarían sería la de monopolizar el tráfico pastelero de tu casa. Mi consejo es que ahí dejes que lo hagan, tú ya has ganado, tú ya has estado viviendo prácticamente en el cielo. Además, si intentaras huir no llegarías muy lejos, llevas años comiendo tartas sin compartirlas con nadie, es probable que estés muy muy gordo. Eso sí, casi tan gordo como feliz.
[Via Alvaro Carmona]

puffff cuanta pereza admin xD